| A mis Hermanos; los Bonarios.- |
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| lunes, 24 de noviembre de 2008 16:51 | |
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La historia nos enseña que de la Caballería han salido, en todos los tiempos, hombres de gran visión, acrisolado altruismo e inagotable energía, que han dado a la humanidad sus más grandes impulsos de progreso. Para descubrir estos nuevos caminos, necesitaron nutrirse de la duda filosófica, no de la certeza dogmática; precisaron examinar lo que no es típico, en vez de conformarse con lo usual y corriente. Tuvieron que desechar los cartabones, los textos consagrados y los manuales establecidos, decidiéndose a recorrer sendas supuestamente prohibidas para el pensamiento y descubriendo las nuevas soluciones a los problemas irresueltos. Para esto, dispusieron de una maravillosa facultad: la imaginación creadora. Quizá la Caballería espiritual ha sido, a través del tiempo la única Institución que se ha percatado de la importantísima función que tiene la evolución de la humanidad. Ha descubierto y aplicado un método sencillo y eficaz para desarrollarla. Por eso también ha sido y seguirá siendo el semillero de nuevas ideas, el portaestandarte de las vanguardias y la escuela en que se modelan los hombres marginales que viven y piensan entre el hoy y el mañana convirtiéndose en los conductores de la humanidad. Pero no solamente a esto se limita la Orden Bonaria; no se conforma con ver que cada miembro se cultive y perfeccione a sí mismo, sino que trata de desarrollar en todos y cada uno de ellos el firme sentimiento de fraternidad y abnegación, encauzando cuidadosamente todos sus esfuerzos hacia los nobles fines de justicia social, equidad, libertad, auténtica democracia y progreso material y espiritual de toda la humanidad. Para cumplir con esa difícil tarea nuestra Institución a través de su Consejo Magistral, debe aprender en primer lugar a vigilar, sobre todo, para que no exista el abuso y para que las leyes sean ejecutadas correctamente. Por consiguiente, al administrar la justicia con equidad, aplicar la ética y la sabiduría que debe poseer todo buen HOMBRE, estaríamos frente a un hermano con las cualidades propias de un verdadero juez. Puesto que la equidad natural y la doctrina constitucional, la crítica explicativa, o sea la hermenéutica servirán para fijar el pensamiento del juez y aclarar o armonizar disposiciones legales oscuras o incongruentes, con esto vengo a apelar a la Justicia por los comentarios hacia Mi Persona, en diferentes foros de dudoso origen y procedencia, en las cartas anónimas con artículos de prensa falsificada, en las traiciones de personas que uno consideraba hermanos con mayúsculas. Es interesante recordaros a mis queridos Hermanos que mientras el Papa Clemente V en Roma fundaba tribunales inquisitoriales, imitando al rey de Francia, Felipe El Hermoso, para juzgar a los Caballeros Templarios por supuestos crímenes, podemos señalar con mucho orgullo a Hermanos ilustres como Jacobo de Molay y sus bravos compañeros, y en época más reciente, Juan Caustó y otros hermanos sufrieron con perseverancia ejemplar los tormentos más horribles antes que revelar y hacer traición a la causa de la verdad, de la virtud y de la religión. Sin embargo, hubo traidores débiles, los cuales no poseían esa fortaleza y dignidad que adornaban a los Templarios. Que para salvarse de sufrimientos físicos, confesaron crímenes de los cuales ni ellos, ni la Orden eran responsables. En cambio otros hermanos se hicieron voluntariamente perjuros y traidores a nuestra Institución con el objeto de satisfacer un fin mercenario y egoísta. ¿Nos olvidamos que la Orden Bonaria, está sufriendo lo que las difamaciones que en el pasado tuvieron otras Órdenes, en sus trabajos y evolución a lo largo de los tiempos.? Luego de la muerte de los Templarios, fue esencial adoptar ciertas precauciones, y se establecieron tribunales en todos los lugares en que se creyeron necesarios para juzgar a los traidores y apostatas en bien de nuestra Colectividad. Pues, la justicia es la verdad en acción; la practicamos por el sentimiento innato del deber y el derecho, que sirve de base a toda buena legislación. Justiniano con los estoicos, por ejemplo, pensaban que la justicia era “una constante y perpetua voluntad de vivir honestamente, no dañar a otro y dar a cada uno lo que es suyo”. Pitágoras planteaba que la justicia consistía “en darle trato igual a todos los hombres, bueno o malo, según sus méritos”. Es decir, de acuerdo a sus acciones; lo que establece el principio de igualdad, pero claro está legaliza la pena del talión, que fue la célebre sentencia: “ojo por ojo, diente por diente” creada por el rey Hammurabi entre 1792 y 1750 a. d. n. e. en Babilonia, ciudad capital del imperio de la antigua Mesopotamia. En cambio Platón integraba a la idea de Justicia, “la de lo verdadero, lo bueno y lo bello, prototipo del orden moral del mundo”. Pues, es bien armónico, que enlaza y contiene todas las virtudes particulares prescritas por la moral, lo que viene ser en suma, lo que nosotros llamamos la verdad en acción. Montesquieu dice que la Justicia “es absoluta, es en la naturaleza la recta razón, y no depende de ninguna convención”. La Justicia la podemos definir como «el arte de hacer lo justo», y de «dar a cada uno lo suyo», básicamente esto nos dice que la justicia es la virtud de cumplir y respetar el derecho, es el exigir sus derechos, es otorgar los derechos a una persona. La Justicia no es el dar o repartir cosas a la humanidad, sino el saber decidir a quién le pertenece esa cosa por derecho. La Justicia es ética, equidad y honradez. Es la voluntad constante de dar a cada uno lo que es suyo. Es aquel sentimiento de rectitud que gobierna la conducta y hace acatar debidamente todo los derechos de los demás. Todas las virtudes están comprendidas en la justicia. Por eso la importancia de que haya justicia en nuestro medio, ya que de no ser así viviríamos en un mundo de caos y del cual no nos podríamos salvar. De ahí que la Orden Bonaria considere la Justicia como la primera de las virtudes. El Caballero según sus bases fundamentales, para ser digno de este nombre, debe ser recto, equitativo y por consiguiente admirador de la Justicia. Evidentemente en derecho la palabra «Equidad» tiene un valor específico. Es la justicia natural el «ius gentium» en oposición al derecho positivo, a lo que está legislado. Es en cierto modo una justicia extralegal, de aplicación discrecional y que tiende a ser más benevolente que la ley. La justicia es universal, pero no siempre puede tener en cuenta los casos concretos en su aplicación, tomando como referencia la ley como medida de la justicia, la equidad estaría ahí, para corregir la omisión o el error producido o la aplicación rigorista de la misma. Con la equidad también está lo justo, y ambas, equidad y justicia, no son incompatibles sino que se complementan. La Equidad junto con la Justicia, la Sabiduría y la Fuerza, es una de las bases que hacen a la Caballería espiritual indestructible, sobre todo sí obramos con libertad absoluta de conciencia en aplicar una verdadera ética, representada por LA ESPADA. La ética y la moral tienen en común el hecho de guardar un sentido eminentemente práctico; a pesar de esto, la ética es un concepto más amplio y rico que la moral. Luego, podemos entender por moral cualquier conjunto de reglas, valores, prohibiciones y tabúes procedentes desde fuera del hombre, es decir, que le son inculcados o impuestos por la política, las costumbres sociales, la religión o las ideologías. Mientras que, la ética siempre implica una reflexión teórica sobre cualquier moral, una revisión racional y crítica sobre la validez de la conducta humana. En tal caso, la ética, al ser una justificación racional de la moral, remite a que los ideales o valores procedan a partir de la propia deliberación del hombre. Mientras que la moral es un asentimiento de las reglas dadas, la ética es un análisis crítico de esas reglas. Por eso la ética es una “filosofía” de la moral, si entendemos la filosofía como un conjunto de conocimientos racionalmente establecidos. La ética que practicamos es humanista, con una visión científica del acontecer natural y social a favor del progreso del ser humano. En consecuencia, tenemos el pleno convencimiento que la Orden Bonaria es una escuela que proyecta al ser humano hacia la perfección. Por consiguiente, la sabiduría nos lleva de la mano a la confianza inquebrantable del hombre donde nace la esperanza de alcanzar su libertad, y lo logra, cuando descubre la verdad, es decir, cuando se restituye al marco de la ley natural, que mantiene en equilibrio el Universo. Desde su origen, la Orden Bonaria ha conservado este derecho supremo como uno de los más grandes de sus fundamentos, ya que al conservar su conciencia autónoma y libre de mandatos o dogmas reñidos con la moral, hace a cada uno de sus componentes responsable de sus actos, consciente de sus derechos y capacitado para gobernarse, y administrar justicia con equidad y sabiduría conforme a sus dictados de la razón, la ética y de la virtud en general. Todos los que buscamos la tradición y la Verdad, esparcidos sobre la faz de la tierra, sea cuál sea el nombre de la Orden constituimos una Gran Familia Universal, porque, siendo la unidad humana uno de sus principios y la tolerancia uno de sus deberes, caben dentro nuestras organizaciones todos los hombres libres y de buenas costumbres, sin distinción de razas, principios religiosos, ideas políticas o sociales. Nos exigimos el deber de ser hombres libres y virtuosos; pero esa libertad no es la del egoísmo y de la resistencia a las leyes del país en que vivimos, ni a las disposiciones que los gobernantes dan en virtud de esas leyes; al contrario, ella nos exige el mayor respeto a la ley y a los jueces y/o magistrados; pero también da como un deber sagrado el de instruirse e instruir a los hombres, sus hermanos hasta donde alcancen sus fuerzas, NO ENTRAR EN LA INFAMIA DE LA CRITICA Y EL DESPRESTIGIO HACIA LOS HERMANOS , con el fin de que conozcan los derechos y deberes propios, y los derechos y deberes de los demás. Seamos instruidos, dignos y virtuosos y no solamente seremos libres nosotros, sino que emanciparemos a todos los hombres. Debemos aspirar a entusiasmar a quienes nos rodean. Debemos lograr ser imitados por nuestros hijos en nuestras convicciones políticas, por eso las críticas hacia sus padres, pueden dañarles en el arquetipo que tienen de su padre en la infancia y en nuestras posiciones ideológicas, en nuestras actitudes sociales, en el matiz de nuestras creencias religiosas, sin tener por fin que terminar por tratar de imponerlas, por no saber transferirlas a quienes nos rodean con nuestra actitud personal. Personalmente, creo, estamos al lado de los humildes y de los desheredados, porque somos el obstáculo infranqueable a una esclavitud general; somos tan odiados por aquellos que no se contentan con gozar la vida más que haciéndola intolerable a los otros, y que no están satisfechos de levantar la cabeza más que cuando los otros la inclinan hacia abajo, de ahí vienen las críticas hacia Mi persona, hacia mis actos, hacia mi Familia; y buscan con ello el desprestigio de mi Casa. No queremos más batallas que las de las ideas; no admitimos otras superioridades que las de la inteligencia fundada y las de la bondad. No admitimos otras disciplinas que aquellas que hemos consentido y que cristalizan en leyes regularmente votadas por el pueblo o por sus mandatarios elegidos libremente. Proclamemos el derecho inalienable de la libertad absoluta de conciencia y del pensamiento; estudiemos las reivindicaciones de este derecho. Los BONARIOS enseñamos que la libertad no puede ser atacada por la ley y fomentamos la fidelidad y la perseverancia. Enseñamos cuál es la recompensa al valor, la firmeza y la constancia, y estamos convencidos de que los derechos de la humanidad no pueden ser limitados por fronteras. Sigamos promoviendo la sabiduría que deben poseer los gobernantes, la firmeza de voluntad de los gobernados y la armonía de los intereses comunes. Jamás consolidaremos, reformaremos y llevaremos al éxito a nuestra Orden Bonaria , predicando únicamente sus virtudes y sus valores morales que encierran sus provechosas lecciones, para lograrlo necesitamos que cada uno de nosotros tengamos un alto sentido de responsabilidad, establecer un serio compromiso con nosotros mismos, con el Consejo Magistral, los Oficiales, los Caballeros, los volutnarios, con nuestras autoridades jerárquicas, con nuestros Prioratos Generales, Bailiatos, Encomiendas y con la sociedad en general, y lo más importante practicar eficaz y eficientemente esos valores éticos, hacerlos nuestros para que formen parte de nuestro diario vivir y actuar. El Príncipe de Septimio-Bathzabbay El Tadmur.- Gran Maestre de la Orden Bonaria.- |
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