Departamento Jurídico de la Orden Bonaria

Anónima, por supuesto, porque los cobardes nunca dan la cara.- PDF Imprimir E-mail
Escrito por Gran Maestre.-   
Lunes, 15 de Septiembre de 2008 16:59

Bandera de la Orden Bonaria.-Cuando hablamos de difamaciones, injurias, calumnias y distorsiones que recibimos habitualmente de cierto grupo de gente, suele ser algo difícil de probar, pero, como decíamos en otra nota, para muestra basta un botón...

Sabemos, que una persona, está enviando cartas anónimas a la mayoría de las organizaciones privadas y estatales con las que trabajamos en España. Hoy nos comunicaron que se había recibido una en la Concejalía de Deportes del Excelentísimo Ayuntamiento de Moralzárzar, en Alcobendas hace un mes otra, etc, etc.

Las dos Cartas obran en nuestro poder y serán utilizadas, para tomar, como siempre las medidas en que la Ley nos ampara a tal efecto, y serán puestas en conocimiento de la policía.

Todos coinciden en que las cartas que se envían  y los foros que se utilizan para manchar la reputación de una persona sin que el autor dé la cara, son despreciables, mezquinos y una herramienta propia de cobardes; pero también hay que decir que el Papa debería de beatificar inmediatamente al virtuoso que en el primer párrafo abandone la lectura de estas misivas devoradas con mayor interés que la correspondencia escrita en nuestros años jóvenes por la novia o pretendiente de turno.

Siempre han existido, aunque antes el bribón debía esperar semanas y hasta meses a que el lento servicio postal hiciera entrega del misil, o era costumbre deslizarse hacia el escritorio o el porche del destinatario para depositar allí, sin ser visto, la nota plagada de espinas.
El correo electrónico  y los foros arrasaron con dichas limitaciones y ahora la infamia se propaga en segundos entre un gentío responsable de generar el efecto multiplicador, floreciendo una misma escena en el seno de todo círculo a donde llega el mensaje: la momentánea suspensión de la rutina mientras se airean, ya sea a través del hilo telefónico, Messenger o al calor de un foro, los detalles de la hecatombe.

Este jugoso género epistolar obedece a normas inquebrantables. Primero, precisa la revelación de un oscuro secreto, cuya veracidad no sea confirmada, aunque el propósito ya fue consumado durante el envío: esparcir la pujante semilla de la duda.

Frecuenta dos ámbitos, el del honor (“entrar en ciertos foros de google, ¿vistéis que el Gran Maestre es un travesti?”), y el profesional (“ El Gran Maestre falsifica billetes de dólares y los vende como colección mensual en los quioscos de la cara oculta de la luna”); aunque aquellas notas que combinen ambas esferas producen mayor embeleso entre los espectadores (“es hora de que sepáis que el Gran Maestre travestido vende en un quiosco billetes falsos de dólar con la cara oculta de la luna”).

El Príncipe de Septimio-Bathzabbay El Tadmur.

 

Nuestro personal

Dra. Valeria Aparecida TampelliniDra. Tampellini
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En la protección Penal de la Intimidad de las personas Nuestro ordenamiento ha deslindado la legislación específica penal.  J.Cuervo

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